RSE en contextos difíciles

América Latina está en camino de reducir su vulnerabilidad macroeconómica y su fragilidad políticosocial. No siempre nos es fácil desarrollar confianza tras unos periodos tan turbulentos y bajo liderazgos nefastos. Y hoy por hoy, si tuviéramos que escoger un país que reúna las condiciones propias para merecer la confianza de los agentes exteriores seguramente sería Chile con su carácter emprendedor y serio, pese a las siempre profundas diferencias sociales. 

Pero otros países están en el camino de la recuperación. Ni que aún sea recobrando la esperanza más que no con grandes adelantos reales. Pero a sabiendas de que en el camino del desarrollo, el capital social o capital confianza puede actuar como una palanca de potencial muy relevante, especialmente en aquellos países que la naturaleza los ha hecho ricos pero donde la violencia y la corrupción les ha negado capacidad de desarrollo y cohesión social. Colombia es bien seguro uno de  estos países riquísimos dónde solamente la incapacidad sistémica de resolver los propios conflictos es capaz de crear un estado tal de pérdida de oportunidades. Aun así algo está cambiando en los últimos tiempos en este país andino y caribeño. 

Paseando por la Comuna 1 y 2 de Medellín, podemos vivir la rápida evolución hacia la normalidad en unas zonas que hace apenas cinco años eran cualificados por el Newsweek como los barrios más peligrosos del mundo. Hoy, muchos lugares se han normalizado gracias al cese parcial de las hostilidades, la desmovilización creciente, y las actuaciones públicas en unos espacios no sólo olvidados sino que guerrilleros y paramilitares habían asumido de facto plenamente las funciones del Estado. La normalidad entendida como ausencia de conflicto está volviendo, y pese a que la pobreza continúa afectando al 60% de la población, también aumenta la esperanza de paz, entendida como estado de armonía dónde además disminuye la vulnerabilidad de la población, aumenta el desarrollo social y humano en un contexto de democracia crecientemente participativa y real. 

La aparición de nuevos movimientos sociales que empiezan a tener representación en el mundo de la política es un vector de cambio real en la medida que rompen no solamente un bipartidismo sino un reparto del poder entre fuerzas débilmente ideologizadas y en cambio muy dadas a los intereses particulares y grupales. Los nuevos rostros, como Sergio Fajardo, el alcalde de Medellín, y todo su equipo, no solamente hacen una defensa de un modelo integrador de los ciudadanos en la política por medio de un fuerte énfasis en la participación, sino que reiteran su orgullo de su origen de fuera de la política, de fuera de los partidos tradicionales. Vienen de la empresa, de la universidad, de la sociedad civil, y se ven a si mismos como trabajadores, honestos, eficaces. Y muestran grandes expectativas y esperanzas, y seguramente las transmiten ante mucha gente que había sucumbido en el escepticismo y el fatalismo. 

Quizás sea por esta opción (por una manera diferente de hacer política, tanto en las finalidades orientadas al cambio, a la justicia social, desarrollo económico, como en los medios, las metodologías participativas, la implicación de las partes y el trabajo para el compromiso) que muestran una gran convicción en la Responsabilidad Social tanto de las Empresas como de todas las otras partes. En Antioquia, el departamento más activo desde el punto de vista económico y del carácter emprendedor de las personas, este vector de desarrollo sostenible se percibe más diáfano. Este territorio, que tiene por capital Medellín, fue capaz de definir su Visión como territorio aspirando a ser una de las “mejores esquinas” de América y tiene incorporado en sus maneras de hacer el diálogo entre las partes, los criterios de governanza y el enfoque de la Responsabilidad Social. La constatación de que el poder público debe ejercer sus funciones y recuperar el espacio público junto al compromiso del mundo empresarial y la sociedad civil favorecen que Colombia trabaje en su Responsabilidad Social.

Josep Maria Canyelles                                       
Promotor Responsabilitat Global   
Marzo 2006   
+34 670 600 223

En el marco del Seminario Internacional Cómo construir paz, diálogo, desarrollo y convivencia desde lo local y lo regional, Josep Maria Canyelles desarrolló una ponencia sobre los Territorios Responsables. Las jornadas tuvieron lugar a la Universidad de Antioquia (Medellín, 24-27 febrero) y estaban coorganizadas por los ayuntamientos de Medellín y Barcelona y los gobiernos de Antioquia y Catalunya, ante un auditorio integrado por empresarios, representantes de los gobiernos, de la sociedad civil y del mundo universitario.

Colombia trabaja por la

Responsabilidad Social

Canyelles, como integrante de la delegación catalana, desarrolló una visión de la Responsabilidad Social como  compromiso de todas las partes, empresas, administraciones y también la sociedad civil, como base y requerimiento para poder desarrollar el concepto de Territorio Responsable.

En su intervención indicó que usamos la expresión Responsabilidad Social Colaborativa cuando queremos poner el acento en la gestión de las relaciones con las partes interesadas, mejorando los procesos de creación de valor y atendiendo especialmente a las externalidades positivas que derivan para la comunidad, y el enriquecimiento del capital social.

Precisamente, el fruto de la suma de las interacciones entre organizaciones crecientemente responsables en un territorio da lugar a los Territorios Responsables. Unos espacios donde la gestión de la RS de cada organización se va optimizando fruto de la propia interrelación e identificación de buenas prácticas.

El concepto de Territorios Responsables requiere un liderazgo compartido entre diferentes agentes, públicos, privados y sociales, para reforzar la capacidad relacional y promover sinérgias globales. 

En el caso de entornos complejos como el de Antioquia y el de Colombia tiene sentido este enfoque como también en nuestras latitudes, donde aspiramos a la excelencia en una economia del conocimento que innove y garantice la cohesión social.



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Canyelles, como integrante de la delegación catalana, desarrolló una visión de la Responsabilidad Social como  compromiso de todas las partes, empresas, administraciones y también la sociedad civil, como base y requerimiento para poder desarrollar el concepto de Territorio Responsable.

En su intervención indicó que usamos la expresión Responsabilidad Social Colaborativa cuando queremos poner el acento en la gestión de las relaciones con las partes interesadas, mejorando los procesos de creación de valor y atendiendo especialmente a las externalidades positivas que derivan para la comunidad, y el enriquecimiento del capital social.

Precisamente, el fruto de la suma de las interacciones entre organizaciones crecientemente responsables en un territorio da lugar a los Territorios Responsables. Unos espacios donde la gestión de la RS de cada organización se va optimizando fruto de la propia interrelación e identificación de buenas prácticas.

El concepto de Territorios Responsables requiere un liderazgo compartido entre diferentes agentes, públicos, privados y sociales, para reforzar la capacidad relacional y promover sinérgias globales. 

En el caso de entornos complejos como el de Antioquia y el de Colombia tiene sentido este enfoque como también en nuestras latitudes, donde aspiramos a la excelencia en una economia del conocimento que innove y garantice la cohesión social.



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Las alianzas estratégicas entre organizaciones de la sociedad civil y empresas privadas com­portan beneficios importantes para la comunidad y para las empresas

 

James E. Austin, profesor Harvard Business School y cofundador de la Social Enterprise Knowledge Network

Canyelles, como integrante de la delegación catalana, desarrolló una visión de la Responsabilidad Social como  compromiso de todas las partes, empresas, administraciones y también la sociedad civil, como base y requerimiento para poder desarrollar el concepto de Territorio Responsable.

En su intervención indicó que usamos la expresión Responsabilidad Social Colaborativa cuando queremos poner el acento en la gestión de las relaciones con las partes interesadas, mejorando los procesos de creación de valor y atendiendo especialmente a las externalidades positivas que derivan para la comunidad, y el enriquecimiento del capital social.

Precisamente, el fruto de la suma de las interacciones entre organizaciones crecientemente responsables en un territorio da lugar a los Territorios Responsables. Unos espacios donde la gestión de la RS de cada organización se va optimizando fruto de la propia interrelación e identificación de buenas prácticas.

El concepto de Territorios Responsables requiere un liderazgo compartido entre diferentes agentes, públicos, privados y sociales, para reforzar la capacidad relacional y promover sinérgias globales. 

En el caso de entornos complejos como el de Antioquia y el de Colombia tiene sentido este enfoque como también en nuestras latitudes, donde aspiramos a la excelencia en una economia del conocimento que innove y garantice la cohesión social.



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Canyelles, como integrante de la delegación catalana, desarrolló una visión de la Responsabilidad Social como  compromiso de todas las partes, empresas, administraciones y también la sociedad civil, como base y requerimiento para poder desarrollar el concepto de Territorio Responsable.

En su intervención indicó que usamos la expresión Responsabilidad Social Colaborativa cuando queremos poner el acento en la gestión de las relaciones con las partes interesadas, mejorando los procesos de creación de valor y atendiendo especialmente a las externalidades positivas que derivan para la comunidad, y el enriquecimiento del capital social.

Precisamente, el fruto de la suma de las interacciones entre organizaciones crecientemente responsables en un territorio da lugar a los Territorios Responsables. Unos espacios donde la gestión de la RS de cada organización se va optimizando fruto de la propia interrelación e identificación de buenas prácticas.

El concepto de Territorios Responsables requiere un liderazgo compartido entre diferentes agentes, públicos, privados y sociales, para reforzar la capacidad relacional y promover sinérgias globales. 

En el caso de entornos complejos como el de Antioquia y el de Colombia tiene sentido este enfoque como también en nuestras latitudes, donde aspiramos a la excelencia en una economia del conocimento que innove y garantice la cohesión social.



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Canyelles, como integrante de la delegación catalana, desarrolló una visión de la Responsabilidad Social como  compromiso de todas las partes, empresas, administraciones y también la sociedad civil, como base y requerimiento para poder desarrollar el concepto de Territorio Responsable.

En su intervención indicó que usamos la expresión Responsabilidad Social Colaborativa cuando queremos poner el acento en la gestión de las relaciones con las partes interesadas, mejorando los procesos de creación de valor y atendiendo especialmente a las externalidades positivas que derivan para la comunidad, y el enriquecimiento del capital social.

Precisamente, el fruto de la suma de las interacciones entre organizaciones crecientemente responsables en un territorio da lugar a los Territorios Responsables. Unos espacios donde la gestión de la RS de cada organización se va optimizando fruto de la propia interrelación e identificación de buenas prácticas.

El concepto de Territorios Responsables requiere un liderazgo compartido entre diferentes agentes, públicos, privados y sociales, para reforzar la capacidad relacional y promover sinérgias globales. 

En el caso de entornos complejos como el de Antioquia y el de Colombia tiene sentido este enfoque como también en nuestras latitudes, donde aspiramos a la excelencia en una economia del conocimento que innove y garantice la cohesión social.



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No existen compañías exitosas en sociedades fracasadas

 

Stephan Schmid­heiny, líder y creador de la Fundación AVINA

Canyelles, como integrante de la delegación catalana, desarrolló una visión de la Responsabilidad Social como  compromiso de todas las partes, empresas, administraciones y también la sociedad civil, como base y requerimiento para poder desarrollar el concepto de Territorio Responsable.

En su intervención indicó que usamos la expresión Responsabilidad Social Colaborativa cuando queremos poner el acento en la gestión de las relaciones con las partes interesadas, mejorando los procesos de creación de valor y atendiendo especialmente a las externalidades positivas que derivan para la comunidad, y el enriquecimiento del capital social.

Precisamente, el fruto de la suma de las interacciones entre organizaciones crecientemente responsables en un territorio da lugar a los Territorios Responsables. Unos espacios donde la gestión de la RS de cada organización se va optimizando fruto de la propia interrelación e identificación de buenas prácticas.

El concepto de Territorios Responsables requiere un liderazgo compartido entre diferentes agentes, públicos, privados y sociales, para reforzar la capacidad relacional y promover sinérgias globales. 

En el caso de entornos complejos como el de Antioquia y el de Colombia tiene sentido este enfoque como también en nuestras latitudes, donde aspiramos a la excelencia en una economia del conocimento que innove y garantice la cohesión social.



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Canyelles, como integrante de la delegación catalana, desarrolló una visión de la Responsabilidad Social como  compromiso de todas las partes, empresas, administraciones y también la sociedad civil, como base y requerimiento para poder desarrollar el concepto de Territorio Responsable.

En su intervención indicó que usamos la expresión Responsabilidad Social Colaborativa cuando queremos poner el acento en la gestión de las relaciones con las partes interesadas, mejorando los procesos de creación de valor y atendiendo especialmente a las externalidades positivas que derivan para la comunidad, y el enriquecimiento del capital social.

Precisamente, el fruto de la suma de las interacciones entre organizaciones crecientemente responsables en un territorio da lugar a los Territorios Responsables. Unos espacios donde la gestión de la RS de cada organización se va optimizando fruto de la propia interrelación e identificación de buenas prácticas.

El concepto de Territorios Responsables requiere un liderazgo compartido entre diferentes agentes, públicos, privados y sociales, para reforzar la capacidad relacional y promover sinérgias globales. 

En el caso de entornos complejos como el de Antioquia y el de Colombia tiene sentido este enfoque como también en nuestras latitudes, donde aspiramos a la excelencia en una economia del conocimento que innove y garantice la cohesión social.



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Canyelles, como integrante de la delegación catalana, desarrolló una visión de la Responsabilidad Social como  compromiso de todas las partes, empresas, administraciones y también la sociedad civil, como base y requerimiento para poder desarrollar el concepto de Territorio Responsable.

En su intervención indicó que usamos la expresión Responsabilidad Social Colaborativa cuando queremos poner el acento en la gestión de las relaciones con las partes interesadas, mejorando los procesos de creación de valor y atendiendo especialmente a las externalidades positivas que derivan para la comunidad, y el enriquecimiento del capital social.

Precisamente, el fruto de la suma de las interacciones entre organizaciones crecientemente responsables en un territorio da lugar a los Territorios Responsables. Unos espacios donde la gestión de la RS de cada organización se va optimizando fruto de la propia interrelación e identificación de buenas prácticas.

El concepto de Territorios Responsables requiere un liderazgo compartido entre diferentes agentes, públicos, privados y sociales, para reforzar la capacidad relacional y promover sinérgias globales. 

En el caso de entornos complejos como el de Antioquia y el de Colombia tiene sentido este enfoque como también en nuestras latitudes, donde aspiramos a la excelencia en una economia del conocimento que innove y garantice la cohesión social.



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RSE en contextos difíciles

América Latina está en camino de reducir su vulnerabilidad macroeconómica y su fragilidad políticosocial. No siempre nos es fácil desarrollar confianza tras unos periodos tan turbulentos y bajo liderazgos nefastos. Y hoy por hoy, si tuviéramos que escoger un país que reúna las condiciones propias para merecer la confianza de los agentes exteriores seguramente sería Chile con su carácter emprendedor y serio, pese a las siempre profundas diferencias sociales. 

Pero otros países están en el camino de la recuperación. Ni que aún sea recobrando la esperanza más que no con grandes adelantos reales. Pero a sabiendas de que en el camino del desarrollo, el capital social o capital confianza puede actuar como una palanca de potencial muy relevante, especialmente en aquellos países que la naturaleza los ha hecho ricos pero donde la violencia y la corrupción les ha negado capacidad de desarrollo y cohesión social. Colombia es bien seguro uno de  estos países riquísimos dónde solamente la incapacidad sistémica de resolver los propios conflictos es capaz de crear un estado tal de pérdida de oportunidades. Aun así algo está cambiando en los últimos tiempos en este país andino y caribeño. 

Paseando por la Comuna 1 y 2 de Medellín, podemos vivir la rápida evolución hacia la normalidad en unas zonas que hace apenas cinco años eran cualificados por el Newsweek como los barrios más peligrosos del mundo. Hoy, muchos lugares se han normalizado gracias al cese parcial de las hostilidades, la desmovilización creciente, y las actuaciones públicas en unos espacios no sólo olvidados sino que guerrilleros y paramilitares habían asumido de facto plenamente las funciones del Estado. La normalidad entendida como ausencia de conflicto está volviendo, y pese a que la pobreza continúa afectando al 60% de la población, también aumenta la esperanza de paz, entendida como estado de armonía dónde además disminuye la vulnerabilidad de la población, aumenta el desarrollo social y humano en un contexto de democracia crecientemente participativa y real. 

La aparición de nuevos movimientos sociales que empiezan a tener representación en el mundo de la política es un vector de cambio real en la medida que rompen no solamente un bipartidismo sino un reparto del poder entre fuerzas débilmente ideologizadas y en cambio muy dadas a los intereses particulares y grupales. Los nuevos rostros, como Sergio Fajardo, el alcalde de Medellín, y todo su equipo, no solamente hacen una defensa de un modelo integrador de los ciudadanos en la política por medio de un fuerte énfasis en la participación, sino que reiteran su orgullo de su origen de fuera de la política, de fuera de los partidos tradicionales. Vienen de la empresa, de la universidad, de la sociedad civil, y se ven a si mismos como trabajadores, honestos, eficaces. Y muestran grandes expectativas y esperanzas, y seguramente las transmiten ante mucha gente que había sucumbido en el escepticismo y el fatalismo. 

Quizás sea por esta opción (por una manera diferente de hacer política, tanto en las finalidades orientadas al cambio, a la justicia social, desarrollo económico, como en los medios, las metodologías participativas, la implicación de las partes y el trabajo para el compromiso) que muestran una gran convicción en la Responsabilidad Social tanto de las Empresas como de todas las otras partes. En Antioquia, el departamento más activo desde el punto de vista económico y del carácter emprendedor de las personas, este vector de desarrollo sostenible se percibe más diáfano. Este territorio, que tiene por capital Medellín, fue capaz de definir su Visión como territorio aspirando a ser una de las “mejores esquinas” de América y tiene incorporado en sus maneras de hacer el diálogo entre las partes, los criterios de governanza y el enfoque de la Responsabilidad Social. La constatación de que el poder público debe ejercer sus funciones y recuperar el espacio público junto al compromiso del mundo empresarial y la sociedad civil favorecen que Colombia trabaje en su Responsabilidad Social.

Josep Maria Canyelles                                       
Promotor Responsabilitat Global   
Marzo 2006   
+34 670 600 223

Canyelles, como integrante de la delegación catalana, desarrolló una visión de la Responsabilidad Social como  compromiso de todas las partes, empresas, administraciones y también la sociedad civil, como base y requerimiento para poder desarrollar el concepto de Territorio Responsable.

En su intervención indicó que usamos la expresión Responsabilidad Social Colaborativa cuando queremos poner el acento en la gestión de las relaciones con las partes interesadas, mejorando los procesos de creación de valor y atendiendo especialmente a las externalidades positivas que derivan para la comunidad, y el enriquecimiento del capital social.

Precisamente, el fruto de la suma de las interacciones entre organizaciones crecientemente responsables en un territorio da lugar a los Territorios Responsables. Unos espacios donde la gestión de la RS de cada organización se va optimizando fruto de la propia interrelación e identificación de buenas prácticas.

El concepto de Territorios Responsables requiere un liderazgo compartido entre diferentes agentes, públicos, privados y sociales, para reforzar la capacidad relacional y promover sinérgias globales. 

En el caso de entornos complejos como el de Antioquia y el de Colombia tiene sentido este enfoque como también en nuestras latitudes, donde aspiramos a la excelencia en una economia del conocimento que innove y garantice la cohesión social.



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Una empresa no puede ejercer plenamente su res­ponsabilidad social si no lo hace en un contexto, un territorio, donde prevalga este sentido de la responsa­bilidad de las empresas ante la sociedad.

 

Josep Maria Canyelles, promotor de Responsabilitat Glo­bal

RSE en contextos difíciles

América Latina está en camino de reducir su vulnerabilidad macroeconómica y su fragilidad políticosocial. No siempre nos es fácil desarrollar confianza tras unos periodos tan turbulentos y bajo liderazgos nefastos. Y hoy por hoy, si tuviéramos que escoger un país que reúna las condiciones propias para merecer la confianza de los agentes exteriores seguramente sería Chile con su carácter emprendedor y serio, pese a las siempre profundas diferencias sociales. 

Pero otros países están en el camino de la recuperación. Ni que aún sea recobrando la esperanza más que no con grandes adelantos reales. Pero a sabiendas de que en el camino del desarrollo, el capital social o capital confianza puede actuar como una palanca de potencial muy relevante, especialmente en aquellos países que la naturaleza los ha hecho ricos pero donde la violencia y la corrupción les ha negado capacidad de desarrollo y cohesión social. Colombia es bien seguro uno de  estos países riquísimos dónde solamente la incapacidad sistémica de resolver los propios conflictos es capaz de crear un estado tal de pérdida de oportunidades. Aun así algo está cambiando en los últimos tiempos en este país andino y caribeño. 

Paseando por la Comuna 1 y 2 de Medellín, podemos vivir la rápida evolución hacia la normalidad en unas zonas que hace apenas cinco años eran cualificados por el Newsweek como los barrios más peligrosos del mundo. Hoy, muchos lugares se han normalizado gracias al cese parcial de las hostilidades, la desmovilización creciente, y las actuaciones públicas en unos espacios no sólo olvidados sino que guerrilleros y paramilitares habían asumido de facto plenamente las funciones del Estado. La normalidad entendida como ausencia de conflicto está volviendo, y pese a que la pobreza continúa afectando al 60% de la población, también aumenta la esperanza de paz, entendida como estado de armonía dónde además disminuye la vulnerabilidad de la población, aumenta el desarrollo social y humano en un contexto de democracia crecientemente participativa y real. 

La aparición de nuevos movimientos sociales que empiezan a tener representación en el mundo de la política es un vector de cambio real en la medida que rompen no solamente un bipartidismo sino un reparto del poder entre fuerzas débilmente ideologizadas y en cambio muy dadas a los intereses particulares y grupales. Los nuevos rostros, como Sergio Fajardo, el alcalde de Medellín, y todo su equipo, no solamente hacen una defensa de un modelo integrador de los ciudadanos en la política por medio de un fuerte énfasis en la participación, sino que reiteran su orgullo de su origen de fuera de la política, de fuera de los partidos tradicionales. Vienen de la empresa, de la universidad, de la sociedad civil, y se ven a si mismos como trabajadores, honestos, eficaces. Y muestran grandes expectativas y esperanzas, y seguramente las transmiten ante mucha gente que había sucumbido en el escepticismo y el fatalismo. 

Quizás sea por esta opción (por una manera diferente de hacer política, tanto en las finalidades orientadas al cambio, a la justicia social, desarrollo económico, como en los medios, las metodologías participativas, la implicación de las partes y el trabajo para el compromiso) que muestran una gran convicción en la Responsabilidad Social tanto de las Empresas como de todas las otras partes. En Antioquia, el departamento más activo desde el punto de vista económico y del carácter emprendedor de las personas, este vector de desarrollo sostenible se percibe más diáfano. Este territorio, que tiene por capital Medellín, fue capaz de definir su Visión como territorio aspirando a ser una de las “mejores esquinas” de América y tiene incorporado en sus maneras de hacer el diálogo entre las partes, los criterios de governanza y el enfoque de la Responsabilidad Social. La constatación de que el poder público debe ejercer sus funciones y recuperar el espacio público junto al compromiso del mundo empresarial y la sociedad civil favorecen que Colombia trabaje en su Responsabilidad Social.

Josep Maria Canyelles                                       
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Precisamente, el fruto de la suma de las interacciones entre organizaciones crecientemente responsables en un territorio da lugar a los Territorios Responsables. Unos espacios donde la gestión de la RS de cada organización se va optimizando fruto de la propia interrelación e identificación de buenas prácticas.

El concepto de Territorios Responsables requiere un liderazgo compartido entre diferentes agentes, públicos, privados y sociales, para reforzar la capacidad relacional y promover sinérgias globales. 

En el caso de entornos complejos como el de Antioquia y el de Colombia tiene sentido este enfoque como también en nuestras latitudes, donde aspiramos a la excelencia en una economia del conocimento que innove y garantice la cohesión social.



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En su intervención indicó que usamos la expresión Responsabilidad Social Colaborativa cuando queremos poner el acento en la gestión de las relaciones con las partes interesadas, mejorando los procesos de creación de valor y atendiendo especialmente a las externalidades positivas que derivan para la comunidad, y el enriquecimiento del capital social.

Precisamente, el fruto de la suma de las interacciones entre organizaciones crecientemente responsables en un territorio da lugar a los Territorios Responsables. Unos espacios donde la gestión de la RS de cada organización se va optimizando fruto de la propia interrelación e identificación de buenas prácticas.

El concepto de Territorios Responsables requiere un liderazgo compartido entre diferentes agentes, públicos, privados y sociales, para reforzar la capacidad relacional y promover sinérgias globales. 

En el caso de entornos complejos como el de Antioquia y el de Colombia tiene sentido este enfoque como también en nuestras latitudes, donde aspiramos a la excelencia en una economia del conocimento que innove y garantice la cohesión social.



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América Latina está en camino de reducir su vulnerabilidad macroeconómica y su fragilidad políticosocial. No siempre nos es fácil desarrollar confianza tras unos periodos tan turbulentos y bajo liderazgos nefastos. Y hoy por hoy, si tuviéramos que escoger un país que reúna las condiciones propias para merecer la confianza de los agentes exteriores seguramente sería Chile con su carácter emprendedor y serio, pese a las siempre profundas diferencias sociales. 

Pero otros países están en el camino de la recuperación. Ni que aún sea recobrando la esperanza más que no con grandes adelantos reales. Pero a sabiendas de que en el camino del desarrollo, el capital social o capital confianza puede actuar como una palanca de potencial muy relevante, especialmente en aquellos países que la naturaleza los ha hecho ricos pero donde la violencia y la corrupción les ha negado capacidad de desarrollo y cohesión social. Colombia es bien seguro uno de  estos países riquísimos dónde solamente la incapacidad sistémica de resolver los propios conflictos es capaz de crear un estado tal de pérdida de oportunidades. Aun así algo está cambiando en los últimos tiempos en este país andino y caribeño. 

Paseando por la Comuna 1 y 2 de Medellín, podemos vivir la rápida evolución hacia la normalidad en unas zonas que hace apenas cinco años eran cualificados por el Newsweek como los barrios más peligrosos del mundo. Hoy, muchos lugares se han normalizado gracias al cese parcial de las hostilidades, la desmovilización creciente, y las actuaciones públicas en unos espacios no sólo olvidados sino que guerrilleros y paramilitares habían asumido de facto plenamente las funciones del Estado. La normalidad entendida como ausencia de conflicto está volviendo, y pese a que la pobreza continúa afectando al 60% de la población, también aumenta la esperanza de paz, entendida como estado de armonía dónde además disminuye la vulnerabilidad de la población, aumenta el desarrollo social y humano en un contexto de democracia crecientemente participativa y real. 

La aparición de nuevos movimientos sociales que empiezan a tener representación en el mundo de la política es un vector de cambio real en la medida que rompen no solamente un bipartidismo sino un reparto del poder entre fuerzas débilmente ideologizadas y en cambio muy dadas a los intereses particulares y grupales. Los nuevos rostros, como Sergio Fajardo, el alcalde de Medellín, y todo su equipo, no solamente hacen una defensa de un modelo integrador de los ciudadanos en la política por medio de un fuerte énfasis en la participación, sino que reiteran su orgullo de su origen de fuera de la política, de fuera de los partidos tradicionales. Vienen de la empresa, de la universidad, de la sociedad civil, y se ven a si mismos como trabajadores, honestos, eficaces. Y muestran grandes expectativas y esperanzas, y seguramente las transmiten ante mucha gente que había sucumbido en el escepticismo y el fatalismo. 

Quizás sea por esta opción (por una manera diferente de hacer política, tanto en las finalidades orientadas al cambio, a la justicia social, desarrollo económico, como en los medios, las metodologías participativas, la implicación de las partes y el trabajo para el compromiso) que muestran una gran convicción en la Responsabilidad Social tanto de las Empresas como de todas las otras partes. En Antioquia, el departamento más activo desde el punto de vista económico y del carácter emprendedor de las personas, este vector de desarrollo sostenible se percibe más diáfano. Este territorio, que tiene por capital Medellín, fue capaz de definir su Visión como territorio aspirando a ser una de las “mejores esquinas” de América y tiene incorporado en sus maneras de hacer el diálogo entre las partes, los criterios de governanza y el enfoque de la Responsabilidad Social. La constatación de que el poder público debe ejercer sus funciones y recuperar el espacio público junto al compromiso del mundo empresarial y la sociedad civil favorecen que Colombia trabaje en su Responsabilidad Social.

Josep Maria Canyelles                                       
Promotor Responsabilitat Global   
Marzo 2006   
+34 670 600 223

RSE en contextos difíciles

América Latina está en camino de reducir su vulnerabilidad macroeconómica y su fragilidad políticosocial. No siempre nos es fácil desarrollar confianza tras unos periodos tan turbulentos y bajo liderazgos nefastos. Y hoy por hoy, si tuviéramos que escoger un país que reúna las condiciones propias para merecer la confianza de los agentes exteriores seguramente sería Chile con su carácter emprendedor y serio, pese a las siempre profundas diferencias sociales. 

Pero otros países están en el camino de la recuperación. Ni que aún sea recobrando la esperanza más que no con grandes adelantos reales. Pero a sabiendas de que en el camino del desarrollo, el capital social o capital confianza puede actuar como una palanca de potencial muy relevante, especialmente en aquellos países que la naturaleza los ha hecho ricos pero donde la violencia y la corrupción les ha negado capacidad de desarrollo y cohesión social. Colombia es bien seguro uno de  estos países riquísimos dónde solamente la incapacidad sistémica de resolver los propios conflictos es capaz de crear un estado tal de pérdida de oportunidades. Aun así algo está cambiando en los últimos tiempos en este país andino y caribeño. 

Paseando por la Comuna 1 y 2 de Medellín, podemos vivir la rápida evolución hacia la normalidad en unas zonas que hace apenas cinco años eran cualificados por el Newsweek como los barrios más peligrosos del mundo. Hoy, muchos lugares se han normalizado gracias al cese parcial de las hostilidades, la desmovilización creciente, y las actuaciones públicas en unos espacios no sólo olvidados sino que guerrilleros y paramilitares habían asumido de facto plenamente las funciones del Estado. La normalidad entendida como ausencia de conflicto está volviendo, y pese a que la pobreza continúa afectando al 60% de la población, también aumenta la esperanza de paz, entendida como estado de armonía dónde además disminuye la vulnerabilidad de la población, aumenta el desarrollo social y humano en un contexto de democracia crecientemente participativa y real. 

La aparición de nuevos movimientos sociales que empiezan a tener representación en el mundo de la política es un vector de cambio real en la medida que rompen no solamente un bipartidismo sino un reparto del poder entre fuerzas débilmente ideologizadas y en cambio muy dadas a los intereses particulares y grupales. Los nuevos rostros, como Sergio Fajardo, el alcalde de Medellín, y todo su equipo, no solamente hacen una defensa de un modelo integrador de los ciudadanos en la política por medio de un fuerte énfasis en la participación, sino que reiteran su orgullo de su origen de fuera de la política, de fuera de los partidos tradicionales. Vienen de la empresa, de la universidad, de la sociedad civil, y se ven a si mismos como trabajadores, honestos, eficaces. Y muestran grandes expectativas y esperanzas, y seguramente las transmiten ante mucha gente que había sucumbido en el escepticismo y el fatalismo. 

Quizás sea por esta opción (por una manera diferente de hacer política, tanto en las finalidades orientadas al cambio, a la justicia social, desarrollo económico, como en los medios, las metodologías participativas, la implicación de las partes y el trabajo para el compromiso) que muestran una gran convicción en la Responsabilidad Social tanto de las Empresas como de todas las otras partes. En Antioquia, el departamento más activo desde el punto de vista económico y del carácter emprendedor de las personas, este vector de desarrollo sostenible se percibe más diáfano. Este territorio, que tiene por capital Medellín, fue capaz de definir su Visión como territorio aspirando a ser una de las “mejores esquinas” de América y tiene incorporado en sus maneras de hacer el diálogo entre las partes, los criterios de governanza y el enfoque de la Responsabilidad Social. La constatación de que el poder público debe ejercer sus funciones y recuperar el espacio público junto al compromiso del mundo empresarial y la sociedad civil favorecen que Colombia trabaje en su Responsabilidad Social.

Josep Maria Canyelles                                       
Promotor Responsabilitat Global   
Marzo 2006   
+34 670 600 223

RSE en contextos difíciles

América Latina está en camino de reducir su vulnerabilidad macroeconómica y su fragilidad políticosocial. No siempre nos es fácil desarrollar confianza tras unos periodos tan turbulentos y bajo liderazgos nefastos. Y hoy por hoy, si tuviéramos que escoger un país que reúna las condiciones propias para merecer la confianza de los agentes exteriores seguramente sería Chile con su carácter emprendedor y serio, pese a las siempre profundas diferencias sociales. 

Pero otros países están en el camino de la recuperación. Ni que aún sea recobrando la esperanza más que no con grandes adelantos reales. Pero a sabiendas de que en el camino del desarrollo, el capital social o capital confianza puede actuar como una palanca de potencial muy relevante, especialmente en aquellos países que la naturaleza los ha hecho ricos pero donde la violencia y la corrupción les ha negado capacidad de desarrollo y cohesión social. Colombia es bien seguro uno de  estos países riquísimos dónde solamente la incapacidad sistémica de resolver los propios conflictos es capaz de crear un estado tal de pérdida de oportunidades. Aun así algo está cambiando en los últimos tiempos en este país andino y caribeño. 

Paseando por la Comuna 1 y 2 de Medellín, podemos vivir la rápida evolución hacia la normalidad en unas zonas que hace apenas cinco años eran cualificados por el Newsweek como los barrios más peligrosos del mundo. Hoy, muchos lugares se han normalizado gracias al cese parcial de las hostilidades, la desmovilización creciente, y las actuaciones públicas en unos espacios no sólo olvidados sino que guerrilleros y paramilitares habían asumido de facto plenamente las funciones del Estado. La normalidad entendida como ausencia de conflicto está volviendo, y pese a que la pobreza continúa afectando al 60% de la población, también aumenta la esperanza de paz, entendida como estado de armonía dónde además disminuye la vulnerabilidad de la población, aumenta el desarrollo social y humano en un contexto de democracia crecientemente participativa y real. 

La aparición de nuevos movimientos sociales que empiezan a tener representación en el mundo de la política es un vector de cambio real en la medida que rompen no solamente un bipartidismo sino un reparto del poder entre fuerzas débilmente ideologizadas y en cambio muy dadas a los intereses particulares y grupales. Los nuevos rostros, como Sergio Fajardo, el alcalde de Medellín, y todo su equipo, no solamente hacen una defensa de un modelo integrador de los ciudadanos en la política por medio de un fuerte énfasis en la participación, sino que reiteran su orgullo de su origen de fuera de la política, de fuera de los partidos tradicionales. Vienen de la empresa, de la universidad, de la sociedad civil, y se ven a si mismos como trabajadores, honestos, eficaces. Y muestran grandes expectativas y esperanzas, y seguramente las transmiten ante mucha gente que había sucumbido en el escepticismo y el fatalismo. 

Quizás sea por esta opción (por una manera diferente de hacer política, tanto en las finalidades orientadas al cambio, a la justicia social, desarrollo económico, como en los medios, las metodologías participativas, la implicación de las partes y el trabajo para el compromiso) que muestran una gran convicción en la Responsabilidad Social tanto de las Empresas como de todas las otras partes. En Antioquia, el departamento más activo desde el punto de vista económico y del carácter emprendedor de las personas, este vector de desarrollo sostenible se percibe más diáfano. Este territorio, que tiene por capital Medellín, fue capaz de definir su Visión como territorio aspirando a ser una de las “mejores esquinas” de América y tiene incorporado en sus maneras de hacer el diálogo entre las partes, los criterios de governanza y el enfoque de la Responsabilidad Social. La constatación de que el poder público debe ejercer sus funciones y recuperar el espacio público junto al compromiso del mundo empresarial y la sociedad civil favorecen que Colombia trabaje en su Responsabilidad Social.

Josep Maria Canyelles                                       
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América Latina está en camino de reducir su vulnerabilidad macroeconómica y su fragilidad políticosocial. No siempre nos es fácil desarrollar confianza tras unos periodos tan turbulentos y bajo liderazgos nefastos. Y hoy por hoy, si tuviéramos que escoger un país que reúna las condiciones propias para merecer la confianza de los agentes exteriores seguramente sería Chile con su carácter emprendedor y serio, pese a las siempre profundas diferencias sociales. 

Pero otros países están en el camino de la recuperación. Ni que aún sea recobrando la esperanza más que no con grandes adelantos reales. Pero a sabiendas de que en el camino del desarrollo, el capital social o capital confianza puede actuar como una palanca de potencial muy relevante, especialmente en aquellos países que la naturaleza los ha hecho ricos pero donde la violencia y la corrupción les ha negado capacidad de desarrollo y cohesión social. Colombia es bien seguro uno de  estos países riquísimos dónde solamente la incapacidad sistémica de resolver los propios conflictos es capaz de crear un estado tal de pérdida de oportunidades. Aun así algo está cambiando en los últimos tiempos en este país andino y caribeño. 

Paseando por la Comuna 1 y 2 de Medellín, podemos vivir la rápida evolución hacia la normalidad en unas zonas que hace apenas cinco años eran cualificados por el Newsweek como los barrios más peligrosos del mundo. Hoy, muchos lugares se han normalizado gracias al cese parcial de las hostilidades, la desmovilización creciente, y las actuaciones públicas en unos espacios no sólo olvidados sino que guerrilleros y paramilitares habían asumido de facto plenamente las funciones del Estado. La normalidad entendida como ausencia de conflicto está volviendo, y pese a que la pobreza continúa afectando al 60% de la población, también aumenta la esperanza de paz, entendida como estado de armonía dónde además disminuye la vulnerabilidad de la población, aumenta el desarrollo social y humano en un contexto de democracia crecientemente participativa y real. 

La aparición de nuevos movimientos sociales que empiezan a tener representación en el mundo de la política es un vector de cambio real en la medida que rompen no solamente un bipartidismo sino un reparto del poder entre fuerzas débilmente ideologizadas y en cambio muy dadas a los intereses particulares y grupales. Los nuevos rostros, como Sergio Fajardo, el alcalde de Medellín, y todo su equipo, no solamente hacen una defensa de un modelo integrador de los ciudadanos en la política por medio de un fuerte énfasis en la participación, sino que reiteran su orgullo de su origen de fuera de la política, de fuera de los partidos tradicionales. Vienen de la empresa, de la universidad, de la sociedad civil, y se ven a si mismos como trabajadores, honestos, eficaces. Y muestran grandes expectativas y esperanzas, y seguramente las transmiten ante mucha gente que había sucumbido en el escepticismo y el fatalismo. 

Quizás sea por esta opción (por una manera diferente de hacer política, tanto en las finalidades orientadas al cambio, a la justicia social, desarrollo económico, como en los medios, las metodologías participativas, la implicación de las partes y el trabajo para el compromiso) que muestran una gran convicción en la Responsabilidad Social tanto de las Empresas como de todas las otras partes. En Antioquia, el departamento más activo desde el punto de vista económico y del carácter emprendedor de las personas, este vector de desarrollo sostenible se percibe más diáfano. Este territorio, que tiene por capital Medellín, fue capaz de definir su Visión como territorio aspirando a ser una de las “mejores esquinas” de América y tiene incorporado en sus maneras de hacer el diálogo entre las partes, los criterios de governanza y el enfoque de la Responsabilidad Social. La constatación de que el poder público debe ejercer sus funciones y recuperar el espacio público junto al compromiso del mundo empresarial y la sociedad civil favorecen que Colombia trabaje en su Responsabilidad Social.

Josep Maria Canyelles                                       
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América Latina está en camino de reducir su vulnerabilidad macroeconómica y su fragilidad políticosocial. No siempre nos es fácil desarrollar confianza tras unos periodos tan turbulentos y bajo liderazgos nefastos. Y hoy por hoy, si tuviéramos que escoger un país que reúna las condiciones propias para merecer la confianza de los agentes exteriores seguramente sería Chile con su carácter emprendedor y serio, pese a las siempre profundas diferencias sociales. 

Pero otros países están en el camino de la recuperación. Ni que aún sea recobrando la esperanza más que no con grandes adelantos reales. Pero a sabiendas de que en el camino del desarrollo, el capital social o capital confianza puede actuar como una palanca de potencial muy relevante, especialmente en aquellos países que la naturaleza los ha hecho ricos pero donde la violencia y la corrupción les ha negado capacidad de desarrollo y cohesión social. Colombia es bien seguro uno de  estos países riquísimos dónde solamente la incapacidad sistémica de resolver los propios conflictos es capaz de crear un estado tal de pérdida de oportunidades. Aun así algo está cambiando en los últimos tiempos en este país andino y caribeño. 

Paseando por la Comuna 1 y 2 de Medellín, podemos vivir la rápida evolución hacia la normalidad en unas zonas que hace apenas cinco años eran cualificados por el Newsweek como los barrios más peligrosos del mundo. Hoy, muchos lugares se han normalizado gracias al cese parcial de las hostilidades, la desmovilización creciente, y las actuaciones públicas en unos espacios no sólo olvidados sino que guerrilleros y paramilitares habían asumido de facto plenamente las funciones del Estado. La normalidad entendida como ausencia de conflicto está volviendo, y pese a que la pobreza continúa afectando al 60% de la población, también aumenta la esperanza de paz, entendida como estado de armonía dónde además disminuye la vulnerabilidad de la población, aumenta el desarrollo social y humano en un contexto de democracia crecientemente participativa y real. 

La aparición de nuevos movimientos sociales que empiezan a tener representación en el mundo de la política es un vector de cambio real en la medida que rompen no solamente un bipartidismo sino un reparto del poder entre fuerzas débilmente ideologizadas y en cambio muy dadas a los intereses particulares y grupales. Los nuevos rostros, como Sergio Fajardo, el alcalde de Medellín, y todo su equipo, no solamente hacen una defensa de un modelo integrador de los ciudadanos en la política por medio de un fuerte énfasis en la participación, sino que reiteran su orgullo de su origen de fuera de la política, de fuera de los partidos tradicionales. Vienen de la empresa, de la universidad, de la sociedad civil, y se ven a si mismos como trabajadores, honestos, eficaces. Y muestran grandes expectativas y esperanzas, y seguramente las transmiten ante mucha gente que había sucumbido en el escepticismo y el fatalismo. 

Quizás sea por esta opción (por una manera diferente de hacer política, tanto en las finalidades orientadas al cambio, a la justicia social, desarrollo económico, como en los medios, las metodologías participativas, la implicación de las partes y el trabajo para el compromiso) que muestran una gran convicción en la Responsabilidad Social tanto de las Empresas como de todas las otras partes. En Antioquia, el departamento más activo desde el punto de vista económico y del carácter emprendedor de las personas, este vector de desarrollo sostenible se percibe más diáfano. Este territorio, que tiene por capital Medellín, fue capaz de definir su Visión como territorio aspirando a ser una de las “mejores esquinas” de América y tiene incorporado en sus maneras de hacer el diálogo entre las partes, los criterios de governanza y el enfoque de la Responsabilidad Social. La constatación de que el poder público debe ejercer sus funciones y recuperar el espacio público junto al compromiso del mundo empresarial y la sociedad civil favorecen que Colombia trabaje en su Responsabilidad Social.

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